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En los últimos tiempos han ido apareciendo numerosas evidencias científicas de lo que, en muchos casos, las medicinas más tradicionales ya apuntaban desde hace siglos. Un buen estado de salud se consigue mediante el perfecto equilibrio entre los distintos factores involucrados en mantener nuestro organismo capaz de reaccionar y adaptarse a los distintos estímulos que le damos en nuestro día a día.

Se ha comprobado, y de manera muy clara, que factores como el ejercicio físico, la respiración consciente, el sueño, la ausencia de hábitos tóxicos, el equilibrio emocional, las relaciones personales, y la alimentación, son esenciales para el mantenimiento de la salud. Es decir, para disponer de un buen estado de salud no debemos tener en cuenta solamente nuestro estado físico o fisiológico, sino que nuestros hábitos del día a día (comida, horarios, actividad física, horas de sueño, etc), el entorno que nos rodea (trabajo, familia, amistades, etc.) y cómo afrontamos emocionalmente las dificultades que nos vamos encontrando influye en nosotros facilitando que nuestro organismo sea capaz de ser resiliente y mantener un buen estado de salud o por el contrario caer en diferentes patologías y enfermedades.

La visión integrativa pretende dar las herramientas necesarias para que el cuerpo sea capaz de recuperar su equilibrio y su adaptabilidad. Teniendo siempre presente los pilares integrativos, que podríamos llamarlos las CUATRO P (Predicción, Prevención, Personalización y Participación).

Así pues, la visión holística entiende el cuerpo como un todo formado por distintos sistemas interrelacionados entre ellos y que se ve afectado por los hábitos diarios, los sentimientos y emociones y el entorno de cada persona. Solamente así podremos llegar al origen de lo que está creando un desequilibrio y evitando al organismo a ser resiliente y adaptable.